
Nuestra institución
Historia de la Federación Rural
Antecedentes, fundación y primeros pasos de una institución nacida para unir y representar a los productores rurales del Uruguay.
Los comienzos de la historia
Transcurría el año 1915. Uruguay atravesaba una era de conciliación, viviendo un proceso de democratización y modernización política y social que lo colocaría en los próximos años en una posición de avanzada en Latinoamérica. Atrás iba quedando la etapa del “viejo país criollo”, para dar lugar al establecimiento de un modelo netamente urbano, impulsado por el segundo gobierno de José Batlle y Ordóñez, que en 1915 llegaba a su fin.
El 1.º de marzo asumió el 22.º Presidente Constitucional, el salteño Feliciano Viera, continuador del ideario batllista. A los fastos del cambio de gobierno le siguieron, en el mismo mes de marzo, los correspondientes a la conmemoración del centenario del izamiento de la bandera de Artigas en la Ciudadela de Montevideo, que tuvo lugar el 26 de marzo de 1815.
En noviembre de 1915, luego de años de demoras y modificaciones, se aprobó la Ley N.º 5.350, que redujo las horas de trabajo, fijando en toda la República una jornada laboral de ocho horas. La iniciativa tuvo como primer antecedente el proyecto presentado en 1905 por los entonces legisladores Luis Alberto de Herrera y Carlos Roxlo.
En los últimos días del año cristalizó, luego de la infatigable prédica y del empuje de un grupo de productores progresistas, la idea de fundar una organización rural con vínculo federativo, destinada a relacionar y defender colectivamente a los diferentes grupos que congregaban a productores rurales de todo el país.
El 29 de diciembre de 1915, dejando atrás un período de sucesivas marchas y contramarchas, una numerosa asamblea de productores rurales reunida en Durazno declaró fundada la Federación Rural. La institución ha sido un mensaje permanente de fe, progreso y solidaridad. En su rica historia se refleja una acción enérgica y eficaz en defensa de los legítimos intereses de todos los productores rurales, a partir de fundados alegatos, trabajos y orientaciones dirigidas al país y a los poderes públicos, que muchas veces han servido de base para leyes y otras medidas de interés público.
Antecedentes y orígenes
Al abordar la historia de la Federación Rural y, en particular, sus antecedentes, podemos remontarnos al último tercio del siglo XVIII y primeros años del siglo XIX en la Banda Oriental. En ese período se dieron los primeros intentos de los productores rurales por nuclearse, dando lugar a efímeros emprendimientos gremiales.
Eran tiempos en los que los campos solo estaban divididos por límites naturales y poblados por miles de cabezas de ganado, generalmente disperso y sin marcar, que “era ganado de todos y no era de nadie”. Reinaba un clima de inseguridad casi total, agravado a medida que se avanzaba de sur a norte del territorio, con despojos, rapiñas y abigeatos. Las continuas querellas e inestabilidades, sumadas a la falta de documentación clara que avalara la titularidad de muchos campos, impedían consolidar garantías reales para la familia y la propiedad.
Estos problemas y el relativo fracaso de los diversos proyectos que buscaron solucionarlos llevaron a que algunos hacendados comenzaran a movilizarse. En 1791, los productores rurales de la jurisdicción de Montevideo se reunieron en la llamada Junta de Hacendados para defender sus derechos y reclamar a las autoridades la aplicación de leyes represivas para el sector más anárquico y tumultuoso de la sociedad colonial.
Como respuesta, el virrey Pedro Melo de Portugal concretó en 1796 la creación del Cuerpo Veterano de Blandengues de la Frontera de Montevideo, que actuó imponiendo orden en toda la Banda Oriental y fue donde hizo sus primeras armas José Gervasio Artigas.
Los hacendados reunidos fueron alcanzando logros que dieron cohesión interna a la organización. Tras una reunión celebrada en los salones del Cabildo de Montevideo en marzo de 1802, se constituyó el Gremio de Hacendados. Allí se resolvió designar apoderados para hacer gestiones en favor del gremio, elegir delegados en todo el territorio oriental, solicitar la prohibición de vendedores ambulantes en el campo y respaldar el mantenimiento de la lucha contra los indígenas.
El 4 de abril de 1804, el virrey Rafael de Sobremonte y la Real Audiencia de Buenos Aires acordaron medidas para solucionar los problemas de la campaña, incluyendo el reparto de tierras y la fundación de pueblos. Los gastos serían cubiertos por los hacendados y mediante una “composición” cobrada a los poseedores de tierras sin título de propiedad.
El Gremio de Hacendados no aceptó esa forma de financiación y, el 16 de diciembre de 1805, decidió no aportar el dinero reclamado, no elegir nuevos apoderados y fundar una “Junta Económico Directiva del Cuerpo General de Hacendados de la Campaña”. Para algunos historiadores, este hecho fue “la primera señal de los hacendados de la Banda Oriental como expresión de una fuerza económica y de una clase”. El virrey Sobremonte decretó en 1806 la disolución de la Junta, al interpretar aquella resolución como un gesto de rebelión contra la autoridad colonial.
La Asociación Rural del Uruguay
Durante buena parte del siglo XIX, tras la disolución de la Junta Económico Directiva del Cuerpo General de Hacendados de la Campaña, el progreso rural del país quedó librado a la acción individual, a la iniciativa circunstancial del Estado o a efímeras asociaciones de fomento y colonización.
En el último tercio del siglo XIX, la profunda crisis política y económica registrada tras el inicio de la Revolución de las Lanzas llevó a reflotar la idea de una nueva asociación de hacendados. Una comunicación epistolar fechada el 4 de mayo de 1870 entre Domingo Ordoñana y Lucio Rodríguez registró ya esa inquietud:
“Que no tengamos ya una asociación rural, una representación legítima bastante poderosa para hacernos sentir en las regiones del poder, es una de esas cosas que no se comprenden por su rareza”.
A principios de 1871, Domingo Ordoñana, Marcos Vaeza, Juan Antonio Porrúa, Lucio Rodríguez, Enrique Artagaveytia, Ricardo B. Hughes, Gustavo Heber Wichelhaussen y Juan Miguel Martínez se reunieron en Montevideo buscando soluciones y una forma de organización.
El 1.º de mayo de 1871 hicieron público un comunicado dirigido a los hacendados del país, invitándolos a asociarse. A la voluntad del grupo se sumaron 157 adhesiones de estancieros. La nueva agremiación quedó constituida en los salones de la Bolsa de Comercio el 3 de octubre de 1871, bajo el nombre de Asociación Rural del Uruguay. Ese mismo día se aprobaron sus estatutos y se designó la primera Junta Directiva.
El vínculo federativo
Si bien el vínculo federativo se concretó ya entrado el siglo XX, la necesidad de ese lazo entre las instituciones rurales de ámbito local se venía insinuando desde épocas anteriores. En mayo de 1871, la comisión organizadora de la Asociación Rural del Uruguay expresaba que la institución tendría por objetivo principal formar el gremio de todos los interesados en el progreso del país.
La Asociación creó comisiones auxiliares que congregaron al elemento rural de sus respectivos departamentos y que resultaron ser el núcleo y origen de futuras sociedades rurales o ligas de trabajo departamentales y locales.
En 1899, durante la exposición ganadera realizada en Mercedes, Alejandro Victorica Bresqué invitó a los productores a unirse para formar sociedades rurales locales que, mediante el esfuerzo conjunto, pudieran superar los problemas comunes que frenaban el progreso. Paysandú dio la primera respuesta con la fundación de la Asociación Rural y Exposición Feria de Paysandú. Luego surgieron instituciones en Tacuarembó, Durazno, San José, Treinta y Tres y otros lugares.
El profesor Enrique Mena Segarra señaló que, al despuntar el siglo XX, proliferaron las entidades locales de fomento rural bajo las denominaciones de ligas, asociaciones o agremiaciones de trabajo. Sus delegados concurrían a los congresos anuales convocados por la Asociación Rural del Uruguay y comenzaba a configurarse un principio asociativo general capaz de unificar los esfuerzos de todas las sociedades existentes en la República.
Las asociaciones fortalecieron el incipiente movimiento gremial rural. Además de promover el comercio mediante sus locales de feria, se constituyeron en voceras ante las autoridades de las necesidades de cada pago: caminería, escuelas, salas de auxilio médico, sanidad animal, industria lechera, sucursales bancarias, centrales telefónicas y telegráficas y apoyo a clubes deportivos y sociales.
Otro antecedente fue señalado por el ingeniero José L. Sala en el trabajo “Una intensa ejecutoria por el Campo y por el País”, elaborado con motivo del cincuentenario de la Federación Rural en 1965. Allí destacó que la idea de constituir una federación se planteó durante el proceso de fusión entre la Asociación de Ganaderos, fundada en 1892, y la Asociación Rural del Uruguay. La carta constitutiva resultante establecía disposiciones que, de haberse cumplido, habrían puesto en práctica la idea federativa. Sin embargo, por diferentes circunstancias, esto no se concretó y fue necesario esperar algunos años más.
La Liga de Trabajo de Molles
Entrado el siglo XX surgió el antecedente más directo de la futura Federación: la Liga de Trabajo de Molles y su local de feria, desarrollados tras la activa intervención de Alejandro Victorica y el apoyo del escritor Carlos C. Reyles Gutiérrez, productor de la zona y entrañable amigo de Victorica.
El 23 de diciembre de 1905, durante la fiesta de la Liga de Trabajo de Molles, Reyles formuló una serie de observaciones tomando como base las ideas expuestas en su folleto “El ideal nuevo”, en el que reclamaba la unión de las fuerzas económicas del país. En Molles planteó la creación de un lazo federativo para defender los intereses generales del sector rural.
“Precisar los ideales vagamente acariciados por todos, definirlos, hacerlos circular en los partidos y en las esferas oficiales, encarnarlos en formas sencillas y convertirlos en realidades prácticas, es lo que sistemáticamente se han propuesto y van consiguiendo los productores de Molles, unidos en la acción social de la Liga del Trabajo”.
Estas ideas fueron retomadas en 1908, en ocasión de un congreso especial con fines federativos realizado por iniciativa de la Liga de Trabajo de Molles. Se invitó a las sociedades rurales departamentales y Carlos María Reyles Hierro, uno de los hijos del escritor, dio lectura a una conferencia preparada por su padre.
El trabajo resumía la idea de creación del lazo federativo mediante una organización que congregara a todas las sociedades rurales bajo un gobierno común. Reyles exhortó a sacar a la clase rural de la inacción, buscando una forma asociativa de trabajo gremial.
“Si la clase rural quiere que su palabra se escuche, es necesario articularla distintamente; si pretende que sus intereses sean respetados, es necesario hacerlos invulnerables; si aspira a pesar en los destinos del país, es menester que cumpla sus deberes cívicos y sepa imponer su ideal”.
El Congreso de Molles sancionó el primer proyecto de estatuto. Aunque la nueva entidad no pudo subsistir, sus contenidos dieron orientación para estructurar posteriormente el conjunto de disposiciones que rigieron la programática y ejecutoria federativa. La organización celebró su primer congreso en Tacuarembó y designó un Consejo Directivo integrado, entre otras personalidades, por Pedro Manini Ríos, Juan A. Escudero, Rafael Muñoz Ximénez, Alejandro Larriera, Juan Sapriza Vera, Alejandro Victorica, Braulio Tanco, Ramón Silveira, Saturnino Correa y Carlos Sanguinetti.
El apoyo inicial no encontró luego el ambiente propicio y la organización no prosperó. Sin embargo, la idea federativa se mantuvo latente. El 30 de setiembre de 1910, Luis Alberto de Herrera hizo pública una nota con conceptos positivos sobre la actividad que debía asumir el hombre de campo frente al organismo que se estudiaba crear.
Cinco años después, al acceder Manuel Quintela a la presidencia de la Asociación Rural, retomó la idea de unir las entidades rurales en una federación y así lo proclamó en setiembre de 1915, durante el XII Congreso Rural. Eran tiempos difíciles para la agropecuaria, generados por la incertidumbre de la Primera Guerra Mundial, la política impositiva sobre las propiedades rurales y las prácticas del pool de frigoríficos que controlaba los precios del ganado.
Durante las deliberaciones, los asambleístas manifestaron el deseo de constituir cuanto antes la Federación de Sociedades Rurales del país, a fin de unificar los propósitos generales agropecuarios con un sentido concorde. Para alcanzar esa meta designaron una Comisión Especial integrada por nueve destacados ruralistas.
“La Federación es una verdadera, una profunda necesidad nacional. Constituye el medio único, absolutamente eficaz, de concentrar todas las fuerzas rurales del país, evitando su dispersión, su oposición y su esterilidad total o parcial”. José Irureta Goyena
Comisión organizadora de la entidad federativa — 1915
- Alejandro Gallinal Conlazo
- Manuel Quintela Cassagne
- Lauro V. Rodríguez
- Juan Escudero
- Bibiano Riet Correa
- Carlos A. Arocena Artagaveytia
- José Elorza Maruri
- Alejandro Victorica Bresqué
- Febrino L. Vianna
Nace la Federación Rural
La Comisión Organizadora trabajó durante tres meses y finalmente convocó a un congreso extraordinario en Durazno para los días 28 y 29 de diciembre de 1915. En cuanto a cómo organizarse, primaron dos posiciones. Un sector entendía que había que actuar dentro de la Asociación Rural, imprimiéndole una actividad cívica y política. Otro sector, que obtuvo mayores apoyos, proponía fundar la Federación como una entidad independiente, priorizando la acción gremial.
El congreso extraordinario fue abierto por José Irureta Goyena, quien manifestó la necesidad inmediata de constituir la Federación Rural.
“Ha llegado el momento de realizar la idea largamente acariciada de concentrar las fuerzas rurales del país, colocando todos los organismos que sirven de núcleo a esas fuerzas bajo la dirección de una autoridad superior. La Federación es una verdadera, una profunda necesidad nacional”.
En la segunda jornada, celebrada el 29 de diciembre de 1915, la asamblea de productores rurales aprobó la creación de la gran entidad federativa, que surgió a la vida nacional con el nombre de Federación Rural. También aprobó los estatutos provisorios que regirían los primeros doce meses de vida de la nueva institución y designó un Consejo Directivo de 19 miembros, encargado de elaborar un proyecto definitivo de estatutos.
Con el nacimiento de la Federación Rural, el agro uruguayo contó a nivel nacional con dos centros de acción que inicialmente se diferenciaron por sus procedimientos: la Federación Rural, nucleando sociedades rurales locales y priorizando la acción gremial; y la Asociación Rural del Uruguay, agrupando instituciones especializadas en distintos rubros productivos y actuando con mayor acento en lo técnico. Con el paso de los años, sus campos de acción comenzaron a complementarse.
Primeros pasos
El Consejo Directivo designado en el Congreso Extraordinario entró inmediatamente en funciones y celebró su primera reunión el 31 de diciembre de 1915, en la sede de la Asociación Rural del Uruguay.
En esa reunión, Carlos Arocena presentó una lista con la distribución de cargos. Se propuso a José Irureta Goyena como presidente; a Carlos Manini Ríos y Francisco Graffigna Musso como primer y segundo vicepresidente; y a Domingo Bordaberry y Daniel Castellanos para los cargos de secretaría. Como vocales se sumaron Carlos Arocena, Luis A. de Herrera, Nicolás Inciarte, Lauro V. Rodríguez, Francisco Noriega Castaños, Juan José de Arteaga Herrera, José Elorza Maruri, Alejandro Victorica, Alejandro Larriera, Pedro Aramendía, Justo Sapriza Vera, Braulio Tanco, José María Rodríguez y Manuel Flores.
Se resolvió comunicar a todas las organizaciones rurales del país la existencia de la Federación Rural, solicitar delegados y estimular la formación de nuevas asociaciones. A propuesta de Luis A. de Herrera, se asignaron departamentos del interior a distintos consejeros para que actuaran como promotores de la Federación. También se encomendó a Carlos Arocena la redacción de un manifiesto al país explicando los fines y propósitos de la institución.
El 5 de enero de 1916 se celebró la segunda reunión. Se designaron integrantes y allegados a la idea federativa para actuar como agentes de promoción o nexo en distintos puntos del país. Se estableció que las reuniones de la comisión organizadora serían semanales, los miércoles a las 17:30.
La Comisión Organizadora también tuvo la responsabilidad de confeccionar un proyecto definitivo de estatutos. En la sesión del 11 de marzo de 1916 se designó la Comisión de Estatutos, integrada por Lauro V. Rodríguez, Domingo Bordaberry y Alejandro Victorica. Tomaron como base un proyecto esbozado por Carlos C. Reyles. La propuesta fue presentada y aprobada el 17 de marzo, resolviéndose la impresión de 2.000 ejemplares para someterla a la aprobación de un próximo congreso.
En los meses siguientes continuó una intensa labor: se recibieron adhesiones de distintas sociedades rurales y se abordaron asuntos agropecuarios y nacionales como las tarifas ferroviarias, la Ley Obrera de las ocho horas y su posible aplicación en el agro. También comenzaron a integrarse los consultorios jurídico y veterinario de la institución, tras los ofrecimientos honorarios de Washington Beltrán y del médico veterinario Juan Domingo del Campo.
El Congreso de 1916
Antes de finalizar 1916, la Comisión de la Federación Rural convocó a un nuevo congreso, celebrado el 10 de diciembre en Durazno, con el propósito de dejar definitivamente instalada la institución mediante la aprobación de los estatutos definitivos.
José Irureta Goyena fue uno de los oradores y señaló que los representantes de la producción debían hacerse oír por el Gobierno “con la autoridad de los que mandan, y no con el encogimiento de los que suplican”. Al abrirse la asamblea, Octavio Soares de Lima, integrante de la Comisión de Estatutos, informó sobre la labor realizada y sometió a consideración el proyecto, que fue aprobado por aclamación.
Seguidamente, el señor Cataumbert, delegado de la Sociedad Rural de Yaguarí, presentó una lista de candidatos titulares y suplentes para integrar el primer Consejo Directivo de la Federación Rural dentro del marco de los estatutos aprobados. La lista contó con el apoyo inmediato de la asamblea.
Posteriormente se aprobaron mociones de reconocimiento a José Irureta Goyena por su dirección durante la etapa organizadora; a Juan Schauricht por su labor en los trabajos de secretaría del Consejo saliente; y a la Sociedad Rural de Durazno como anfitriona del congreso.