
Actividades de las federadas · Discurso
85.ª Expo Campanero 2026: discurso completo
Lavalleja · Del 1.º al 4 de octubre de 2026
Compartimos la versión final del discurso de la Sociedad Agropecuaria de Lavalleja en la 85.ª Expo Campanero, realizada del 1.º al 4 de octubre de 2026 en el Parque Campanero, Ruta 8, km 124.

Discurso completo
Sr. Director de Recursos Naturales del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Gustavo Garivoto.
Sr. Intendente de Lavalleja, Dr. Daniel Ximenez.
Sr. Presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Rafael Ferber.
Sr. Presidente de Federación Rural, Rafael Normey.
Sr. Jefe de Policía de Lavalleja, Alfredo Rodriguez.
Sr. Jefe de la Brigada de Seguridad Rural, Sub. Comisario Richard Suarez.
Autoridades nacionales y departamentales que nos acompañan hoy.
Señores representantes de las gremiales hermanas.
Sr. ex Ministro de Ganadería, Fernando Mattos.
Señores expositores.
Señores productores, trabajadores rurales, cabañeros, empresas, escritorios rurales, emprendedores, amigos de la Agremiación de Caballos Criollos, compañeros de Directiva, colaboradores, periodistas y comunicadores de medios de prensa, amigos, señoras y señores.
Buenas tardes, sean ustedes bienvenidos todos, a ésta nuestra querida Institución, a la Sociedad Agropecuaria de Lavalleja, que abre sus puertas en la 85.ª Expo Campanero.
Es un grato honor que en nombre propio y de todos mis compañeros de Directiva, pueda proclamar la apertura de ésta muestra de alcance regional, que pretende ser agroindustrial, comercial y turística; que tiene como propósito la exhibición y comercialización de reproductores: bovinos, ovinos y equinos.
Antes de continuar, he entendido junto a mis compañeros que, en forma previa y necesaria debemos recordar, reconocer y de alguna manera perpetuar dos nombres de ex-presidentes de nuestra Institución, que ya no están físicamente con nosotros, pero su existencia fue parte de la vida misma y el desarrollo de ésta institución: me refiero a dos inolvidables personas, el Sr. Juan Otegui y el Sr. Alejandro Giorello.
Así es que les solicito a manera de homenaje hagamos un minuto de silencio.
Muchas gracias.
Hay lugares que nos explican, éste es uno de ellos, aquí se cruza el esfuerzo de generaciones. Nadie empieza de cero en el campo. Todos somos herederos, herederos de un saber hacer, de una forma de estar, de una cultura de trabajo que nos precede y nos obliga.
Una institución con 92 años de vida, como la nuestra, sabe bien lo que eso significa: el campo no se mide en hectáreas, se mide en la gente que decide quedarse.
Por eso, si me permiten, hoy quiero hablarles no solo de producción, sino de pertenencia.
Nuestra institución fijó posición sobre el proyecto de la represa de Casupá en el mes de julio en una declaración pública. Hoy debo decirles, con serenidad pero con firmeza, que las garantías que entonces pedimos siguen sin estar.
Y deseamos que en éste punto quede algo bien claro, porque así lo expresamos en uno de los puntos de esa declaración: ningún productor va a quedar solo. Como institución, estamos y vamos a estar a disposición de cada productor que así lo necesite, con el respaldo gremial y con el acompañamiento jurídico que corresponda. Es nuestro compromiso.
Compartimos la preocupación de todos los Uruguayos por asegurar el agua potable para la capital del País.
Quien produce a cielo abierto sabe, como nadie, lo que es mirar al cielo esperando agua. ¿Cómo no entenderlo?
Pero el desarrollo no puede construirse sobre el desarraigo. En la zona donde se pretende hacer la Represa de Casupá no hay padrones en discusión. Hay historias. Hay familias que no tienen solo un campo, tienen una vida entera en ese lugar. Un apellido pegado a un paraje, a una escuela rural, a una historia que hunde sus raíces en ese lugar.
Su vida no es un expediente. No se traslada. No se compensa. Se vive.
Y esa historia se asienta sobre suelos fértiles. Suelos trabajados, cuidados por generaciones, que hoy producen alimentos, que generan trabajo genuino y que hacen girar la economía del departamento.
Cada hectárea que quede bajo el agua sería una hectárea que deja de producir para siempre.
No sería solo una pérdida para una familia. Sería una pérdida también para la producción y para Lavalleja. Estamos hablando de familias que quizás deban dejar Lavalleja. No porque quieran irse a buscar algo mejor, sino porque el dolor de tener que dejar su lugar de pertenencia es tan grande que no van a poder quedarse mirando desde afuera, desde un alambrado ajeno, lo que fue su vida.
Y a eso se suma un costo que poco se menciona, si este proyecto avanza como está planteado, será nuestra Intendencia, es decir, todos los Lavallejinos, quienes tendremos que afrontar el costo de reconstruir lo que se inunda: caminos, puentes, infraestructura que hoy existe y que habría que hacer de nuevo en otro lado.
No podemos aceptar un progreso donde todos pagamos para tener menos. Pero el costo más grande no es material.
Y acá quiero detenerme: vivimos en un tiempo donde hablamos, con angustia y con razón, de salud mental, de la soledad en el campo, de la importancia del arraigo, sobre todo en nuestros jóvenes. Hacemos esfuerzos para que se queden en el campo, para que encuentren sentido y comunidad. ¿Cómo no ver entonces la contradicción? ¿Con qué coherencia le pedimos a un joven de 18 años que apueste al campo, que forme su familia acá, si a 30 kilómetros le estamos diciendo a otra familia que su proyecto de vida ya no tiene lugar?
Decirle a una familia que ya no puede proyectar es decirle que no puede sembrar, ni arreglar el galpón, ni pensar en el año que viene porque su presente se volvió incierto. Eso genera un vacío y una angustia que no se llena con dinero ni con promesas de oportunidades en otro lado. Es la pérdida del lugar al que se pertenece. Y por más que se hable de compensaciones, hay cosas que no se compensan. El sentido de pertenencia no tiene precio.
El Estado no está para generar incertidumbre, está para arropar, para dar certezas, para cuidar.
Estamos convencidos de que hay caminos alternativos que permiten asegurar el agua sin tener que resignar familias, sin arrasar valores, fauna, flora y producción familiar. Familias que, vale decirlo, no le piden nada al Estado para sustentarse. Que son ejemplo de comunidad.
Si fuéramos indiferentes a ese dolor, estaríamos fallando a nuestra esencia. Nuestros son sus afanes, sus desconsuelos y también sus esperanzas. Y no hay prosperidad posible que valga la indiferencia.
Vivimos, a su vez, un tiempo de claroscuros en lo económico. El mundo nos da hoy precios excepcionales para lo que producimos. Es un buen momento y lo celebramos. Pero sería imprudente confundir un buen precio internacional con una economía sana y equilibrada. Hay un desequilibrio que nos preocupa. El dólar que recibe quien exporta, compra, cada vez menos dentro de nuestro País.
Mientras afuera celebramos valores históricos, adentro, los costos en pesos; el combustible, la vida misma, se llevan gran parte de ese esfuerzo. Esto golpea especialmente aquí, en Lavalleja, donde la inmensa mayoría de las empresas agropecuarias son pequeñas y familiares. Para un establecimiento chico, cualquier variación no es un porcentaje en una planilla: es la posibilidad de seguir o tener que dejar. Por eso no hablamos de competitividad como una palabra técnica, hablamos de gente que queda por el camino.
Frente a eso, elegimos el camino de la unión. Hemos sellado una alianza con el Centro Comercial e Industrial de Lavalleja, porque campo y ciudad no son dos mundos, somos el mismo entramado productivo. Ellos han puesto en marcha un Observatorio Económico que nos va a permitir entender mejor nuestra realidad, y nosotros abriremos nuestras puertas a sus socios.
Lavalleja se salva trabajando junta.
Y porque somos un País que vive de lo que exporta, necesitamos certezas también afuera del establecimiento. Necesitamos un Puerto que funcione, cuando el puerto se detiene, no se detiene una empresa, se detiene el País.
Y se pierden oportunidades que no vuelven.
Hay, además, desafíos que compartimos todos los días y que no podemos normalizar, la sanidad es uno de ellos. La garrapata sigue siendo un flagelo en nuestro Departamento y valoramos los esfuerzos que se vienen haciendo a nivel Nacional para ampliar las herramientas disponibles, pero necesitamos que ese esfuerzo llegue con fuerza a nuestro territorio.
Otro es el que nos duele todas las noches en el campo, las jaurías de perros sin dueño, no son perros de un vecino, son perros sin control que diezman nuestra majada, además de otros predadores que han aumentado su incidencia, justo ahora que el ovino vuelve a tener valores que entusiasman. Esto no es un problema entre privados, es un problema de salud pública y de producción, y debe tener una respuesta definitiva desde el Estado.
El abigeato, que sigue existiendo y genera una sensación de desamparo muy grande.
Son temas distintos, pero con un mismo resultado: desalientan al que quiere producir, no podemos pedirle a un productor que invierta, que cuide, que se ilusione, si todo ese esfuerzo se pierde en una noche.
Tenemos que hacer referencia a otro tema no menor, nuestra caminería, Lavalleja tiene más de cuatro mil kilómetros de caminos rurales, es su columna vertebral, hoy gran parte está en un estado deplorable.
Sin un camino, no hay producción que salga, no hay niño que llegue a la escuela, no hay salud que llegue al campo. Valoramos el trabajo de los equipos de la Intendencia, pero necesitamos redoblar el esfuerzo y sin demora.
Y de la mano del clima, mencionamos también la necesidad de contar con seguros agrícolas modernos y accesibles. El clima cambió y es una condición con la que tenemos que aprender a convivir.
Permítanme cerrar con tres reconocimientos que me parecen justos.
Primero, a la mujer rural. En el año internacional que celebra a la mujer agricultora, mujer rural, quiero hacer una pausa para valorarla.
La mujer rural es trabajo, es compromiso, es conocimiento. Es pilar de la familia rural y es protagonista de nuestra ruralidad todos los días, en el establecimiento, en la empresa, en la gremial. Con su esfuerzo y su sensibilidad aporta una mirada fundamental para producir y para sostener la vida del campo.
A todas ellas, nuestro reconocimiento y nuestro agradecimiento más profundo.
A Desarrollo Agropecuario de la Intendencia de Lavalleja, por su trabajo articulado, en la persona de Cecilia Bianco.
Y a la Comisión de Seguridad Rural, que está funcionando, que escucha y que actúa.
Cuando las cosas funcionan, hay que decirlo y cuidarlo.
Amigos, ésta 85.ª Expo Campanero es la prueba de que seguimos de pie. Aquí estamos, con el acompañamiento de cabañas y empresas de todo el país que nos honran con su presencia.
He hecho los reclamos que nos corresponden. Lo he hecho con firmeza, pero también con esperanza.
Miren lo que hemos logrado juntos en estos días. Empezamos con un gran remate virtual de vientres seleccionados el primer día de la muestra, que marcó el pulso de lo que es ésta expo: una expo mayoritariamente de reproductores. Cada cabaña, cada animal, cada stand, cada emprendimiento, es un acto de confianza en el futuro.
Es gente que decidió permanecer y apostar a la genética, al trabajo y a Lavalleja.
Quiero agradecer a todos los que nos acompañan durante estos días, especialmente a las empresas gastronómicas, a toda la gente que da servicios y que hace posible que esto funcione, a los servicios veterinarios por su compromiso permanente, a la intervención de ARU que nos respalda, a los jóvenes de las escuelas agrarias que son nuestro futuro, a los jurados de animales por su dedicación y seriedad y a los jurados jóvenes.
Y quiero también decir que, por temas de sanidad que todos conocemos y que debemos respetar, se suspendió la segunda expo avícola en el marco de nuestra expo.
Que ésta jornada de ventas que comienza ahora sea una oportunidad y una fiesta. Que sea el reflejo de nuestra confianza.
GRACIAS, gracias a todos por estar, GRACIAS.